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Consejos para atenuar el impacto del principio de demencia (Deterioro cognitivo II)

¿Qué hacer cuando los síntomas de pérdida de memoria y facultades intelectuales se presentan?

¿Qué hacer cuando los síntomas de pérdida de memoria y facultades intelectuales se presentan? No todo está perdido. Cuando la enfermedad ya ha brotado, debemos seguir una línea básica de actuación que ralentizará su avance y evitará que la persona enferma vea reducidas sus capacidades de forma drástica y pierda calidad de vida.

¿Recordáis que en nuestro último post decíamos que “Nunca es tarde para ser felices”? Tranquilos, han pasado varios días y desde entonces, habéis estado expuestos a gran cantidad de información muy variada. Así que, “vamos a refrescar un poco nuestra memoria”. Ahora sí, seguro que con esta pequeña pista ya habéis recordado que es sobre los pequeños despistes y alteraciones en nuestra memoria, sobre lo que hablamos días atrás.

Cuando comienzan a fallarnos algunas de nuestras funciones intelectuales como la memoria, la atención, la orientación o la capacidad de razonamiento, entre otras, y por tanto, empeora el rendimiento de éstas de forma sostenida, hablamos de deterioro cognitivo.

Para poder decir que una persona sufre este tipo de deterioro, debemos observar que las dificultades que presenta la persona en su día a día y la merma de sus capacidades intelectuales no son atribuibles a un proceso de envejecimiento normal. Para ello, como comentamos en el post anterior, es muy importante consultar con nuestro médico.

Síntomas frecuentes

Entre los síntomas más comunes que pueden reflejar la presencia de este tipo de deterioro se encuentran: el abandono paulatino de tareas que hasta ese momento la persona era capaz de realizar tales como conducir, limpiar la casa y preparar la comida; dificultad para expresarse al no ser capaces de recordar determinadas palabras; menor capacidad para retener información y aprender cosas nuevas; disminución del interés a la hora de realizar actividades que antes resultaban atractivas como leer, escuchar música, ver la televisión y una posible tendencia al aislamiento; leve pérdida de orientación temporal al no saber en qué día o mes nos encontramos y presencia de desorientación espacial en lugares poco frecuentados anteriormente.

Cuando somos conocedores de esta información, lo primero que nos planteamos es ¿Cómo se puede prevenir este tipo de deterioro? De manera aplicable a muchas otras enfermedades, lo que se recomienda es llevar un estilo de vida saludable, así como evitar hábitos nocivos como fumar, consumir muchas grasas o alcohol o tener un elevado nivel de estrés.

De manera más concreta, para prevenir la aparición de la demencia y en este caso del deterioro cognitivo, resulta muy conveniente llevar una vida activa intelectualmente, haciendo trabajar a nuestro cerebro diariamente. Para ello, no son necesarias grandes proezas sino que en muchas ocasiones, bastará con no dejar de lado nuestros intereses y motivación ante las actividades que hemos realizado siempre como leer, conversar, aprender a manejar un aparato nuevo, jugar a las cartas, etc.

En este sentido, se ha comprobado que las personas que han desarrollado más sus capacidades intelectuales por el trabajo que han desempeñado o las habilidades que han desarrollado en sus aficiones y hobbies, tienen menor probabilidad de padecer estas enfermedades.

Ralentizar el avance

Pero, ¿qué hacer cuando los síntomas están presentes? ¿Está todo perdido? Nada de eso. Cuando la enfermedad ya ha brotado, debemos seguir una línea básica de actuación que ralentizará su avance y evitará que la persona enferma vea reducidas sus capacidades de forma drástica, impidiendo que tal deterioro se asocie inevitablemente a un empeoramiento en su calidad de vida. Así, se trata de que la persona emplee al máximo sus capacidades, fomentando su autonomía y el mantenimiento de las actividades básicas de la vida diaria, evitando también una posible situación de dependencia.

Para lograr estos objetivos, hoy en día contamos con una herramienta de gran utilidad que es la llamada estimulación cognitiva y que hace referencia a un conjunto de actividades orientadas a mantener y mejorar las capacidades funcionales del enfermo de las que hemos hablado anteriormente.

La estimulación cognitiva incluye diversos ejercicios en los que se trabajan aspectos relacionados con la memoria, lenguaje, funciones de cálculo, funciones de razonamiento, etc. Estos ejercicios pueden ser dirigidos por un profesional en un centro especializado o pueden ser realizados en el mismo hogar de la persona enferma, estando guiados por un familiar, con la supervisión de un profesional que previamente le ha instruido.

En este sentido, con la estimulación cognitiva se pretende atenuar no sólo el impacto personal que tiene este deterioro en la persona enferma, sino también el impacto familiar y social que provoca en las personas que la rodean.