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¿Es cierto que se duerme peor con la edad?

Con los años es más fácil sufrir procesos que alteren el descanso nocturno.

Autor:  Dr. Sebastián Recaj. Médico de Atención Primaria y urgencias rurales. Master en Ingeniería Biomédica.

Aunque está demostrado que con los años es más fácil sufrir procesos que alteren nuestro descanso nocturno, es importante consultar con nuestro médico de cabecera estas situaciones ya el origen de estos trastornos es muy variado.

El insomnio es un trastorno del sueño que ocasiona dificultad para conciliar o mantener el sueño pero también se puede traducir en la sensación de no haber tenido un sueño reparador. Esta patología es una consulta frecuente en atención primaria y tiene una mayor incidencia en ancianos. Es más frecuente en las mujeres (hasta 1,5 veces más que en los hombres), en personas con problemas psicológicos y en aquellas que sufren enfermedades neurológicas, respiratorias, endocrinológicas asociadas.

Debe tenerse en cuenta que la modificación en la estructura y el patrón del sueño aparece fisiológicamente con la edad y no debe confundirse con un trastorno del sueño. Es decir, las personas mayores sufren más alteraciones del sueño debido a una evolución normal de la edad más que por la presencia de una patología en concreto.

En mi consulta, he comprobado que el hablar con el paciente sobre su dificultad para dormir ayuda y facilita encontrar el diagnostico o las causas que lo pueden producir.

Tipos de insomnio

Primario: debe prolongarse por lo menos un mes y provocar malestar clínico. Hay que diferenciarlo de la narcolepsia, el trastorno del sueño relacionado con la respiración, el trastorno del ritmo circadiano u otros como la depresión o los trastornos de ansiedad; tampoco puede deberse a los efectos directos de fármacos.

Secundario: aparece como consecuencia de otros cuadros clínicos o de diferentes situaciones adaptativas. Aquí distinguimos, por un lado, entre alteraciones psiquiátricas asociadas al insomnio. Hasta un 50% del insomnio crónico puede relacionarse con enfermedades psiquiátricas, como ansiedad, trastorno bipolar, esquizofrenia, epresión mayor; y, por otro, entre alteraciones cronobiológicas, que se caracterizan por:

  • Adelanto de fase: patrón de dormirse temprano y despertar precoz.
  • Retraso de fase: dificultad para iniciar el sueño a la hora convencional o deseada.
  • Ritmo vigilia-sueño irregular: distribución caótica de los períodos de sueño/vigilia durante el día y la noche. Puede existir un largo período de sueño nocturno y el resto se distribuye en 3 o más siestas de menos de 4 h.
  • Trabajo en turnos cambiantes
  • Jet lag: síndrome del cambio rápido de zona horaria.

Además hay otros factores como:

  • Insomnio por enfermedades médicas y neurológicas como traumatismos, cefaleas, cáncer; cuadros neurológicos como demencia, enfermedad vascular cerebral; cuadros endocrinológicos como hipertiroidismo, diabetes mellitus, síndrome de Cushing, etc.
  • Síndrome de las piernas inquietas. Malestar en las piernas con necesidad de moverlas e incluso de caminar para aliviarse. Aparece en períodos de inactividad, sobre todo por la noche. La mayoría de los casos están relacionados con déficit de hierro, neuropatías periféricas e insuficiencia renal crónica.
  • Fármacos. Anticonvulsivantes, broncodilatadores, algunos antidepresivos, descongestivos utilizados en catarros, β-bloqueantes, corticoides.

Tratamiento del insomnio

El manejo del insomnio se basa en una serie de estrategias de modificación de conductas y cambios en estilos de vida. Las recomendaciones deben realizarse de forma individualizada en función a las necesidades y situación del paciente. Tras esta actividad educativa debe realizarse una valoración de los hábitos de sueño, pues hasta un 30% de los pacientes con trastornos del sueño presentan una alteración de la higiene del sueño.

  • Evite las siestas durante el día, sobre todo tras una noche con sueño escaso
  • Evitar la ingesta excesiva de líquidos o comidas pesadas por la noche. Igualmente, evitar tomar cafeína, nicotina y alcohol antes de acostarse
  • Mantener un horario regular de sueño levantándose y acostándose a la misma hora
  • Programar una reducción progresiva de la actividad antes de acostarse
  • Establecer una rutina antes de acostarse, realizándola cada día y en el mismo orden (tomar algo caliente, leer un rato, lavarse los dientes, etc.)
  • Mantener un entorno del sueño silencioso, oscuro, seguro y confortable
  • Irse a la cama solo cuando se sienta sueño
  • Si no se concilia el sueño en 30–45 minutos aproximadamente, salir de la cama y de la habitación y realizar una actividad relajante y monótona hasta sentir sueño de nuevo y solo entonces volver a la cama. Repitiendo las veces que sea necesario
  • Utilice la cama solo para dormir y para la actividad sexual. No realice otras actividades como leer, ver la televisión, oír la radio, etc.

Por último quedaría el tratamiento farmacológico con hipnóticos benzodiacepinicos, inductores del sueño o relajantes que nos ayuden a cojer la rutina de dormir. Nunca deben de usarse de forma crónica porque al cabo del tiempo pierden eficacia por aumentar nuestra tolerancia a esa medicación.

Los nombres de estos medicamentos son múltiples y variados, de uso muy común como Orfidal, Noctamid, Lexatin, Tranquimazin, Stilnox, etc., o sus sinónimos genéricos.

La higiene del sueño es la mejor de las terapias para intentar controlar este trastorno y como siempre, antes de consumir alguno de estos fármacos, debemos consultar con nuestro médico.