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Los problemas de comunicación en los enfermos de Alzheimer

La pérdida paulatina de la facultad para comunicarse

Una de las mayores complicaciones asociadas al mal de Alzheimer es la pérdida paulatina de la facultad para comunicarse. Pero esta limitación no aparece de golpe; se trata de un proceso que debemos conocer para, antes que nada, comprender a la persona que la padece.

Decía un reconocido psicólogo llamado Paul Watzlawick que “no existe la no comunicación”, o dicho de otro modo, que “es imposible no comunicarse”. Si nos paramos a pensar, incluso en aquellas situaciones en las que nos negamos rotundamente a hablar con otra persona, estamos diciéndole ‘algo’. A través de nuestros gestos o nuestra expresión facial, incluso a través de nuestra respiración, podemos estar transmitiéndole al otro una idea de rechazo, enfado o apatía.

En nuestro día a día, ser conscientes de la riqueza que esconde el lenguaje no verbal, puede resultarnos de gran ayuda a la hora de transmitir e interpretar el contenido de cualquier conversación de manera óptima.

En este sentido, es especialmente útil que tengamos esta teoría presente cuando nos comuniquemos con personas que por el carácter degenerativo de su enfermedad o como consecuencia de un accidente cerebrovascular, han visto afectada su capacidad de expresión y comprensión del habla.

Por eso, si en el post anterior hablábamos de las posibles alteraciones que puede manifestar un enfermo de Alzheimer en las diferentes etapas de la enfermedad, hoy nos vamos a centrar en las dificultades que pueden tener estas personas a la hora de comunicarse con sus familiares y demás personas de su entorno.

A través del lenguaje, las personas podemos expresar lo que pensamos, cómo nos sentimos o aquello que necesitamos. Si para cualquiera de nosotros es una herramienta imprescindible, todavía lo es más para las personas que por su enfermedad tienen otro tipo de carencias y limitaciones y necesitan ser apoyadas.

El proceso

La afectación del lenguaje en la enfermedad de Alzheimer varía según la fase en la que se encuentra el enfermo. Así, en la primera fase, puede observarse un empobrecimiento de las expresiones y frases, que puede derivar en una falta de motivación por parte del enfermo para iniciar cualquier conversación.

Ser consciente de que no es capaz de utilizar las palabras que quiere o que ya no conoce tantos términos como antes, hace que la persona se sienta tan frustrada, que empiece a dejar de hablar para impedir que estas dificultades sean percibidas por sus familiares o amigos.

En la segunda fase o etapa moderada de la enfermedad, comienzan a observarse dificultades para reconocer y denominar objetos. Además, puede aparecer también lo que se denomina “lenguaje vacío de contenido” en el que la persona puede elaborar frases largas, pero carentes de contenido, es decir que no transmiten apenas información. Por otro lado, van en aumento los errores de comprensión, aunque la persona todavía es capaz de repetir palabras y enunciados.

Por último, en la tercera fase o etapa avanzada, es muy probable que el enfermo presente un cuadro deterioro generalizado, siendo por tanto la afectación del lenguaje muy significativa. En este sentido, la incapacidad para denominar objetos ha aumentado notablemente y el enfermo no para de repetir frases o palabras que oye en sus interlocutores de manera involuntaria. Es lo que se conoce como “ecolalia”. La expresión del lenguaje por parte del enfermo está tan afectada que llega a ser casi incomprensible, quedando reducida en muchas ocasiones a la emisión de sílabas.

De igual forma, en esta última fase, la capacidad de comprensión se ‘desploma’ y el paciente, a menudo, es incapaz de entender órdenes simples como “siéntate ahí” o “bebe un poco de zumo”.

Llegados a este punto, tanto el enfermo como sus cuidadores se enfrentan a una difícil situación, que puede dar lugar a que finalmente el enfermo a raíz de su deterioro e incomprensión acabe sumido en un estado vegetativo, en el que el lenguaje está casi completamente mermado.

Ahora que ya conocemos con más detalle las alteraciones del lenguaje que puede provocar la enfermedad de Alzheimer, en el próximo post hablaremos de qué podemos hacer para lograr una comunicación eficaz con el enfermo y cómo podemos evitar o minimizar la sensación de malestar y el sufrimiento que éste puede experimentar.

Óscar Bordona Ruiz